Agua.- El primer principio de las cosas, según Thales y otros filósofos antiguos. Como es de suponer, no es el agua en del plano material, sino que en sentido figurado, expresa el fluído potencial contenido en el espacio infinito, simbolizado en el antiguo Egipto por Kneph, el dios “no revelado”, que representaban en figura de serpiente (emblema de la eternidad) circundando un jarrón de agua, con la cabeza suspendida sobre las aguas, que incuba con su aliento. “Y el Espíritu de Dios cobijaba la haz de las aguas”. (Génesis, 1:2). El rocío de miel, alimento de los dioses y de las abejas creadoras en el Yggdrasil, cae durante la noche sobre el árbol de la vida, desde las “aguas divinas, lugar nativo de los dioses”. Pretenden los alquimistas que cuando la tierra pre-adámica queda reducida por el Alkahest a su primera substancia, es semejante al agua clara. El Alkahest es el “uno e invisible, el agua, el primer principio, en la segunda transformación.
El elemento agua, junto con el fuego, la tierra y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales, en la filosofía esotérica, en la alquimia y en la astrología. Se le atribuyen caracteres femeninos, pasivos y fecundantes. Su esencia demiúrgica presente en abundantes mitos tuvo especial desarrollo en Mesopotamia y en el océano primordial del antiguo Egipto
Las Aguas Primordiales son una constante en la cosmogonía de numerosas tradiciones, las que al bajar de nivel, o retirarse, dan lugar a la tierra, o a una isla.
Por eso es usual asimismo la regeneración por las aguas donde se las asocia con la iniciación y el nacimiento de un hombre nuevo, lavado de los vestigios del hombre anterior y limpio para iniciar un camino vital, como los niños inmediatamente después de nacidos, según una costumbre.
Por ello se las vincula a las semillas y la germinación de una renovación, también basada en el caso del mundo vegetal en el descenso de las lluvias que hacen posible la vida y la existencia de la agricultura y los ríos.
Elemento imprescindible para el ser humano como el aire que respira, asimismo calma la sed de las bestias que se alimentan igualmente de vegetales, coadyuvando a la perpetuidad de los ciclos vitales de este líquido del que ella es la fuente.
El simbolismo del agua en el TAROT
El arte pictórico del tarot tiende un puente entre lo visible y lo invisible, entre el consciente y el inconsciente. Cada pequeño detalle de sus láminas es un lenguaje cifrado al que contribuyen símbolos procedentes de distintas artes esotéricas. La mayoría de ellos son arquetipos. Por ejemplo, el arquetipo de la madre Naturaleza es una anciana y el del héroe, un hombre como Hércules, capaz de salvar todos los obstáculos.
Las aguas son símbolo de purificación como bien puede verse en las sociedades arcaicas que acudían a ellas en busca de una nueva vida. El agua está asociada al ámbito de los sentimientos y las emociones, es el primer elemento que los seres humanos, desde las más antiguas civilizaciones, hemos buscado para la purificación y el renacimiento interior y espiritual. El agua representa el balance, en exceso rebasa y su carencia ha sido considerada una maldición de los Dioses desde miles de años.
Son un vehículo necesario para la reproducción de todas las especies; las de la lluvia han sido tomadas constantemente como un factor imprescindible para la generación universal, a tal punto que los dioses de la lluvia ocupan un lugar análogo o aún más importantes que las deidades solares en ciertos panteones; la sequía es sinónimo de maldición. En cualquiera de sus manifestaciones el agua simboliza Abundancia, belleza, placer, arte, felicidad. Altruismo.



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